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Paraíso de Ermitaños e Iguanas

Panama Turismo | Isla Iguana

Mientras estoy escribiendo estas palabras, estoy escuchando un ruido raro continuamente. Es como un aplauso o un ruido de desaprobación, un gesto de bienvenida o de rechazo? Da igual lo que pretendan los miles de cangrejos ermitaños con el chasquido de sus pinzas, yo me siento bienvenida y a gusto al bajarme del barco en Isla Iguana. Y con el debido respeto y cuidado espero que tampoco se sientan ofendidas por nuestra llegada a su “hogar”.

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En medio del océano pacífico, que en muchos sitios se caracteriza por sus costas y playas de fuerte oleaje, brilla la playa de esta pequeña isla con un tono blanco clarito y rápidamente uno saca las gafas del sol para poder observar esta belleza con más detalle. Sobre el mar hay innumerables fregatas volando, siendo ésta la colonia más grande de estas aves marinas en todo el pacífico, con una longitud de alas de 1,75-2,40m. Aunque no soy una experta en aves, estoy impresionada y observo como volando parecen como una w estirada y como, por momentos, tiñen el cielo parcialmente de negro. No es extraño que estén contentas aquí, en esta isla de sueño con su naturaleza virgen y una gran riqueza en especies de flora y fauna con 350 distintos tipos de peces, por ejemplo. Pero, la verdad es que su nombre se lo han dado algunos representantes de la familia de los lagartos: Las iguanas. Durante tu estancia sueles toparte frecuentemente con ellas. Parece que disfrutan tanto tomando el sol, como sus visitantes de dos patas, que suelen venir a la isla sobre todo durante los fines de semana. Es imposible olvidarnos de los cangrejos ermitaños, que podemos escuchar siempre aunque no les veamos; en la senda por el bosque, encima de las piedras, en la arena, en el camino pavimentado al museo, al aire libre y probablemente en los propios zapatos, cuando uno los deja suficiente tiempo en la sombra de una palmera.

Me encantaría llevarme algunas conchas o corales de la playa, traídas por las olas, pero comprensiblemente está prohibido, ya que nos encontramos en una reserva natural. Así que me conformo con tumbarme en mi toalla en la playa El Cirial y saludar a una iguana mirando a través de mis gafas de sol; ¡ella está a mi lado! Esta es la playa más grande de las 2 que existen en la isla. La más pequeña, la playa El Faro, es igual de bonita y tal vez algo más romántica, pero la corriente es más fuerte. Después de la subida del agua por la marea alta, me meto armada con mi equipo de snorkel y aletas. Con sus 17 especies de corales los arrecifes alrededor de la isla iguana componen la zona protegida más grande de este tipo en el Golfo de Panamá. Los capitanes que llevan por la mañana a los visitantes a la isla y por la tarde de vuelta a tierra firme y los guardianes del parque advierten de que está prohibido hacer snorkel con marea baja, para no acercarse demasiado a los corales sensibles cuyo deterioro pondría en peligro el ecosistema de la isla y sus aguas. Despacio doy vueltas en el agua poco profunda y cristalina, veo peces de todos los colores y al final incluso una tortuga inmensa flotando en el agua - ¡el highlight de mi sesión de snorkel!  

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